Las fotos son como las palabras. Puede ser que las oigas y no te digan nada, o que nada más entender la entonación sepas perfectamente de dónde vienen y el porqué de su existencia.
He decidido que no voy a pensar más. Ya no recuerdo si siempre fui así, o si fue otro de esos aprendizajes forzosos, pero durante mucho tiempo he pensado todo lo que hago, digo y vivo en todo lujo de detalles, sin parar hasta llegar a una conclusión. Como quien busca entender el significado de su vida a través de la mente, sin recordar que el cerebro es limitado, y que no podemos saber porqué estamos aquí.
Así que dimito de este club de pensadores y me doy a la libertad de los que hacen sin pensar, o simplemente se quedan quietos en un lugar, porque no saben donde ir.
Estoy cansada de andar en círculos, así que me sentaré aquí, donde estoy en este mismo instante, y dejaré que el resto del trabajo lo hagan otros.
Las conclusiones a las que llegamos a menudo no son más que ilusiones de lo que consideramos que debiera ser, pero hace tiempo que ya nada es como creía, y que lo bueno es falso y lo falso realmente abstracto.
Se acabó, a partir de ahora, soy una persona libre de pensamientos forzados. Haré lo que la vida me lleve a hacer, y si me equivoco, me joderé. Porque pensando no he conseguido dejar de equivocarme, y mucho menos de sufrir. ¿Para qué tanta energía si al final acabamos en el mismo sitio, exhaustos, sedientos y sin una gota de vida?
Aquí estoy, y que la vida haga conmigo lo que quiera.
Me ha cambiado. No sé si a mejor o a peor, pero el cambio está asegurado.
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