Respirando lentamente, inspirando el aire contaminado de la ciudad, a sabiendas que en otro lugar, en otro mundo, el aire es limpio y fresco.
Allí donde no existen pasados ni presentes rebuscados y mezclados con ironias erróneas y falsedades demasiado reales.
Y al fin y al cabo... no son más que palabras. Y como algunos opinan, las palabras se las lleva el viento.
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